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Play Time
Director: Jacques Tati |
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Play Time Francia, 1967 109 min., Color Director: Jacques Tati Guión: Jacques Tati Fotografía: Jean Badal |
¡Viva el caos! o sobre los peligros de la modernidad por Monte Ruiz Un filme que se desarrolla en un Paris imaginario,durante dos días sin apenas diálogos. Una ciudad de cristal, una arquitectura de espacios vacios y regulares, superficies brillantes y resbaladizas, poblada de sonidos punzantes donde lo privado y lo público se confunden, y en la que movimiento no cesa, el fluir constante y mecanizado del tráfico. Todo aparece perfectamente planificado, mientras la masa de gente parece esclava de un movimiento autónomo y ajeno a ellos mismos. Este es el paisaje del mundo futuro, el escenario de la modernidad,al menos la modernidad vista desde 1967 por Jacques Tati. En esta ciudad escenario, ciudad modelo (se asemeja sospechosamente al Londres que se ve en una fotografía publicitaria de una agencia de viajes), es a la que llegan un grupo de turistas inglesas al comienzo. Estamos habituados a filmes en los que sabemos inmediatamente quienes son sus protagonistas, como se llaman y cuales son sus motivaciones y objetivos. Que decir de un filme en el que hasta el minuto treinta no escuchamos por primera vez el nombre de uno de sus personajes más importantes (porque no podemos hablar de protagonista en un sentido estricto). Un filme construido en base a cruces y encuentros casuales entre los distintos personajes. Que se mueven o bien sin rumbo fijo o bien se ven arrastrados por el fluir del grupo. Una película en la que las rimas visuales y sonoras construyen pequeños fragmentos de placer audiovisual,donde el sonido transforma por completo a la imagen, como cuando un grupo de obreros se esfuerzan por colocar un enorme cristal mientras una orquestina callejera comienza a sonar, y lo que en un principio era trabajo se convierte en mimo, algo semejante ocurre con el baile de piernas del empleado de la agencia de viajes. Y también un filme en el que el reino de lo moderno,los perfectos cubículos de las oficinas, el tiempo regular y mecánico, la confusión de lo real y de lo aparente estalla (un ejemplo se ve en el restaurante durante la escena del baile, se rompe la puerta de cristal de la entrada y el portero simula que aún existe). En este orden surgen germenes, elementos discordantes, la fantasiosa tranquilidad se transforma en un maravilloso caos. Y como muchas veces en el cine francés el baile y la música actúan como catalizadores. Es ejemplar la resolución con la completa destrucción del restaurante que se acaba de inaugurar. Una película estimulantemente deliciosa. Gracias Jacques. |
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